domingo, 9 de diciembre de 2007

Subprime all over again.

Vuelvo con las pilas cargadas de mi breve desconexión Turolense, tras comprobar que, como comentaba en mi último post, previo al puente, la capacidad de gasto del consumidor español es tan fuerte e irreprimible como la de nuestros hermanos en gasto americanos: todo repleto, precios en hoteles de tres estrellas dignos de 5 estrellas, restaurantes a reventar, joyerías con turno de espera, etc; lo que es hoy por hoy, creo que el fin de 2007 no va a presentar desfallecimiento alguno en la tasa de crecimiento del consumo, por lo que el PIB repuntará probablemente.

En estos días, al retirarnos al hotel agotados después de pasar el día haciendo turismo, he sacado tiempo para leer el último Fortune que ha llegado a mis manos, el del 26 de Noviembre, que lleva una portada de las mejores que recuerdo en mucho tiempo: ¿Qué estaban fumando? (What were they smoking?), con las fotos de los CEO's de Citigroup, Merrill Lynch, Morgan Stanley y Bear Stearns junto con las pérdidas que, hasta el momento, han aflorado tras la crisis subprime. Fortune peca, a mi modo de ver, de oportunista, pues alaba a los "triunfadores" cuando todo va bien (todavía me acuerdo de los reportajes fastuosos sobre Enron o WorldCom) y hace leña del arbol caído cuando se tuerce el tema, pero hay que reconocer que la portada es impactante y valiente.

Y en el artículo interior, escrito por Shawn Tully (junto con recuadros magníficos de Carol Loomis, Geoff Colvin y Bethany McLean, que merecen la pena por sí solos), viene la que quizás es la mejor explicación sobre el mecanismo de titulización de hipotecas subprime que ha dado lugar a la crisis de la deuda CDO y, en consecuencia, a la crisis de liquidez/confianza/solvencia que aún tenemos encima. A continuación, y para que quede registrado en mi blog para los anales, copio la traducción de la parte del artículo que describe el proceso, explicado a través de lo ocurrido en Merrill Lynch.

" Merrill y otros bancos normalmente no operaban CDOs. Haciendo honor a su función de intermediarios, ayudaban a sus clientes a crear CDOs, cobrando su comisión, y después salían de la operación. Fue la decisión de Merrill alterar esta dinámica - convirtiéndose en un importante inversor en los fondos a los que asistía - la que metió a la firma en problemas.

Así es como una Obligación de Deuda Colateralizada (CDO) respaldada por hipotecas subprime debía funcionar. El juego comenzaba cuando un cliente - conocido como el Gerente del Colateral (GC) (collateral manager) - se dirigía a Merrill Lynch y le pedía que le facilitara financiación para crear un CDO que tendría como activo, por ejemplo, mil millones de dólares de bonos respaldados por hipotecas subprime. Los clientes eran en su mayoría grandes firmas gestoras de inversión como Pimco y Cohen & Co.

Para que las cosas funcionaran, Merrill ponía a disposición del GC los mil millones solicitados, cobrando una comisión del 1,5% o del 2%. El GC usaba el dinero para comprar bonos respaldados por grupos de hipotecas subprime (conocidos como valores respaldados por activos subprime, subprime mortgage ABS), emitidos por firmas de Wall Street, incluyendo a Merrill.

Al mismo tiempo, el equipo de Financiaciones Estructuradas de Merrill se ponía a trabajar creando una nueva variedad de bonos que estarían respaldados por los intereses y el pago de principal que el CDO cobraría de los ABS que poseía (para hacer las cosas más complicadas, los bonos que emitía el CDO se llamaban también CDOs. En esta historia, se usa CDO para referirse al vehículo de inversión y a los títulos por ellos emitidos bonos CDO). Usando complicados modelos matemáticos que predecían la probabilidad de impago y la rentabilidad entre otras cosas, los banqueros creaban distintos tramos de títulos con diferentes tipos de interés y niveles de riesgo.

En lo más elevado estaban los bonos supersenior, que tenían prioridad sobre el dinero que entraba en el CDO. Se diseñaban para tener un rating AAA de las agencias de calificación como S&P o Moody's - lo que indicaba que eran supuestamente tan seguros como los mejores bonos corporativos - y pagaban los intereses más bajos.

Merrill enviaba los bonos a su fuerza de ventas para distribuirlos entre Hedge Funds, Fondos de Pensiones y otros inversores. El atractivo de los bonos CDO era simple: pagaban mejores intereses que las emisiones corporativas con ratings similares. Y el el ambiente de tipos bajos de los últimos 7 años, los hedge funds hambrientos de rentabilidad estaban ansiosos por comprar cualquier tipo de papel que ofreciera rentabilidades extra. "La idea completa", dice Brad Hintz de Bernstein Research, "es coger un grupo de bonos con alto riesgo y baja liquidez y, a través de la magia de la titulización, ofrecer mayor rentabilidad que en títulos con el mismo rating".

¿Como fueron capaces los CDOs de ofrecer rentabilidades de primera en los bonos que emitían? La mayoría de ellos lo hicieron comprando los bonos con garantía hipotecaria más arriesgados y con menor rating - ya saben, los emitidos sobre préstamos a prestatarios con bajo crédito y dudosos currículums. Estos bonos pagaban lo que por entonces eran super rentabilidades del 9% y el 11% en 2006. ¿No tenían estos préstamos una elevada probabilidad de impago? Por supuesto que sí. Pero aquí está el punto clave, sobre el cual Wall Street se volvió majareta. Durante los primeros años del boom inmobiliario, las tasas de impago en todo tipo de hipotecas eran inusualmente bajas. Esto llevó a los banqueros - y, más importante, a las agencias de Rating - a construir asunciones irreales sobre los tasas de impago futuras en sus modelos de valoración. Y como los bonos hipotecarios subprime pagaban esos intereses tan elevados, los financieros pensaron que para tener problemas en los bonos CDO emitidos con mayor rating, un porcentaje inimaginablemente elevado de dichos bonos hipotecarios tendría que impagar. Por supuesto, eso es lo que ocurrió.

Nada de esto hubiese sido un problema complicado para Merrill si se hubiese limitado a montar los CDOs y cobrar la comisión y no se hubiese transformado en un fuerte inversor en ellos - colocándose con su propia droga (Getting high on its own supply), podría decirse."

Hasta el momento, Merrill Lynch ha declarado pérdidas relacionadas con CDOs por 7.900 millones de dólares, y su CEO, Stan O'Neal ha dimitido.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Puente de la "Consti"

Todo el país está preparando afanosamente el megapuente de la Constitución y la Inmaculada, de 4 días de largo; unos han desempolvado los esquís mientras otros disfrutarán de los 20 grados, con sensación de 25 al sol, en el mediterráneo.

No queda plaza hotelera libre, los parques temáticos tendrán colas de más de una hora para subir en las atracciones más solicitadas y, quien más quien menos, se ha buscado una escapada (a ser posible a Nueva York, que este año han vuelto, como en los ochenta, los famosos gimmetwos ibéricos), para respirar un poco antes de sumergirnos en las Navidades.

Con este panorama, leímos la pasada semana con perplejidad que el ingreso medio de los hogares españoles no llega alos 26.000 euros netos al año, o que los menores de treinta y cinco años destinan el 75% de sus ingresos a pagar las cuotas de sus hipotecas.

Por lo que volvemos a pensar lo que muchas veces hemos pensado aquí en MacroVistazo: cómo lo hacemos, quién paga las Visas, los restaurantes, los hoteles, los recibos del Q7 o del X5, o, como decía la famosa cancioncilla, de dónde saca, pa' tanto como destaca, nuestra clase media.

Y, poco a poco, un murmullo de voces nos contesta, voces lejanas, que cada vez suenan más altas y claras: es el crédito, es la deuda, es riqueza traída del futuro la que hace que nuestro presente sea una Arcadia feliz, despreocupada y gozosa en la que los nubarrones, y los pájaros de mal agüero que los anuncian, no tienen sitio.

(By the way; yo tambien me voy mañana, a comprobar en primera persona que Teruel también existe ¡no voy a ser el único que me quede en casa! ¡Ya pasarán la Visa el mes que viene...!)

domingo, 25 de noviembre de 2007

Contradicciones.

Este fin de semana se ha desarrollado en Valencia la feria inmobiliaria Urbe Desarrollo, feria que tradicionalmente a reunido a lo más granado de la promoción local y nacional con producto en la zona; a falta de los resultados finales, la impresión de los primeros días, jueves y viernes, en teoría días destinados a profesionales, ha sido de una mayor afluencia de público "con mucho interés en comprar, pero a medio plazo, gente interesada en comprar producto con entrega para dentro de dos años", según El Mundo del pasado sábado, "ya que así los futuros propietarios no pasarán por el aprieto de tener que buscar financiación para la compra".

No sé muy bien que es lo que los promotores quieren decir con esto, pero me parece un poco patético echar la culpa de sus escasas ventas actuales a la falta de financiación, ya que se supone que ellos ya tienen el préstamo promotor concedido y dispuesto para que el futuro comprador lo subrogue a la venta. ¿No habrán querido decir que la culpa de que sus ventas no cuajen es de los precios que se empeñan en mantener, claramente por encima de los que la demanda existente puede pagar?

Otra importante noticia del sector saltaba el viernes, las dificultades que está encontrando la catalana Hábitat Inmobiliaria en cumplir con la financiación que obtuvo para la adquisición de Ferrovial Inmobiliaria. Al parecer la falta de demanda debida a las dificultades de financiación actuales ha hecho que no puedan cumplir con su plan de desinversión de suelo, por lo que han tenido que pedir árnica a los bancos que, el pasado mes de marzo, tan generosamente nutrieron de financiación a Hábitat para la compra de otra empresa cinco veces mayor que ella. Sólo han pasado 8 meses y ya no pueden cumplir sus compromisos ¿cómo se planteó la operación, qué supuestos manejaron? Ahora les va a tocar convertir parte de la oepración en crédito participativo, para evitar la posible declaración de concurso.

Y es que el tema financiero, lejos de aclararse, cada vez se complica más. El mercado secundario de cédulas hipotecarias ("covered bonds", en la jerga anglo, que también incluye bonos municipales y cosas parecidas, con ratings elevados) se ha tomado las vacaciones de navidad por anticipado, cerrando en principio hasta la semana que viene pero con rumores de que se pueda cerrar hasta el año que viene si siguen las cosas como ahora. Los bancos que deben dotar de liquidez a ese mercado no lo hacen, pues, como pasa desde el verano, nadie sabe dónde están los créditos pochos, y, como todos piensan que sus propios créditos van a empeorar y van a necesitar capital y liquidez para sus necesidades, todos prefieren abstenerse de entrar en negocios ajenos y de prestar a su colegas, no vaya a ser que no devuelvan lo prestado.

Y si entre bancos no hay confianza, como para confiar en prestar a particulares u otros sectores, en especial cuando todos piensan que están acabados, en barrena, en clara recesión: todo el mundo del sector comenta el "cierre de grifo" con los promotores, constructores, etc, que no afloja, y que va a peor.

A todo esto, y para que la liquidez no falte, aunque luego quede embalsada y no circule, el Banco Central Europeo ha anunciado más inyecciones de dinero para la próxima semana; ya van casi 4 meses desde la primera actuación y la cosa no ha mejorado. Veremos que pasa.

Por último, y mientras los bancos de los dos lados del Atlántico continúan provisionando activos subprime en sus balances, la próxima ola de deuda infectada ya se anuncia: las titulizaciones de tarjeta de crédito, con importantes despegues en impagos y elevadas disposiciones de efectivo, por encima de las habituales, que anuncian mayor morosidad. Sobre esto ya hemos escrito aquí: si las tarjetas están dispuestas a tope y la gente no puede refinanciar sus deudas porque sus casas valen menos, los intereses son mayores, y el crédito es escaso, lo único que queda es impagar. Y, como en las subprime, de la micro a la macro, el mecánico de Ohio que impaga su tarjeta hace que la deuda titulizada en poder de los fondos, conduits, etc., se desplome, baje el rating, etc: otro desastre más, otro mercado paralizado, más contagio, meno crédito en el mercado.

Todo esto tiene que influir, antes o después, en el consumo y en el PIB. Aunque, al parecer, el famoso Black Friday, el viernes después del día de Acción de Gracias, ha sido un éxito. Como dijo alguien que no recuerdo, nunca desconfíes del poder del consumidor americano. ¿De dónde sacarán la pasta?

domingo, 11 de noviembre de 2007

Pendientes del Consumo.

La crisis subprime continúa dando coletazos; la pasada semana se cobró las cabezas de los CEO de Citi y Merril Lynch, y esta semana los buitres vuelan en círculos sobre las sedes de Wachovia, que anuncia fuertes provisiones en el cuarto trimestre, y, sobre todo, de Barclays Bank, presa de rumores de todo tipo, desde provisiones de 10.000 millones de libras a la dimisión de su CEO John Varley o del responsable de su banca de inversión Robert Diamon. Nadie tiene claro hasta donde se va a llegar, y mientras los bancos bajan en bolsa un 20, un 30 y hasta un 40 por ciento.

Con toda la importancia que esto tiene, todos esperamos que el apoyo de los bancos centrales y el sentido corporativo del propio sector haga que las cosas vuelvan a su cauce, aunque este cauce tenga que moderar inevitablemente su ímpetu en el aspecto crediticio para que todo siga fluyendo.

Mucho más importante es la situación del consumo, particularmente en Estados Unidos, por su influencia en el crecimiento económico mundial y, bajo mi punto de vista, por el posible efecto predictivo que en la economía española, gemela en muchos aspectos de la americana, pueda tener.

En uno de mis "feeds" USA favoritos, el New York Times, se han publicado últimamente unos cuantos artículos descriptivos de la situación financiera y de comportamientos de las familias, con ejemplos en primera persona, fotos, etc., en el que se describen los efectos de la crisis hipotecaria y la bajada del precio de la vivienda en América. No aportan nada nuevo sobre lo que ya se sabía del importantísimo efecto que sobre el crecimiento del consumo ha tenido todos estos años la revalorización hipotecaria, y de como la mayoría de las familias han dispuesto de la "equity" generada en sus hogares para hipotecarse más y cancelar sus tarjetas de crédito (y vuelta a empezar), cambiar de coche, comprarse motos de agua y poner encimeras de Silestone by Cosentino en sus cocinas.

Te encuentras multitud de casos de gente que debe el doble que hace 4 años y que se lo ha gastado en un par de TVs de plasma, jacuzzis, SUVs de 60.000 dólares y viajes a Tahití, y que ahora se encuentran con que su hipoteca ya no da para más, que su equity no sólo no ha aumentado sino que disminuye y que la revisión de sus hipotecas a tipos variables y la subida de la gasolina ha dejado sus ingresos mensuales menguados.

Sin mayor recurso al crédito hipotecario y con pagos fijos por tarjetas (al 20 y 25% de interés anual...) no tienen otro recurso que reducir su consumo: comprar menos, salir a cenar menos, etc., algo considerado casi antiamericano. Los malls tiemblan, y ya sufren la menor afluencia de público y las menores compras.

Ahora viene la temporada consumista por excelencia, Thanksgiving y Navidad; estaremos atentos a los datos de venta para saber cómo va a ser la temporada. Yo creo que va a haber, si no un descenso con respecto al año pasado, si una clara desaceleración del crecimiento interanual: no puede ser de otra forma, en algún momento se tiene que trasladar la situación (embargos, falta de crédito, práctica imposibilidad para refinanciar, cifras de crédito al consumo y tarjetas en máximos) a las cifras macro.

No olvidemos que la crisis subprime es una crisis con origen micro y consecuencias macro: la falta de pago de los hipotecados de Colorado han hecho que se vaya al cuerno un Banco Inglés y dos Alemanes, que dimitan varios CEO's de relumbrón y que en España los promotores no vendan una escoba. Lo lógico es que todo siga su curso, y que el comportamiento de las familias, que ha tirado del carro todos estos años sin desfallecer, llevando las cifras de consumo al 70% de PIB USA y haciendo que crezca por encima del 3% todos los años, sea el que ahora haga que el PIB reduzca su crecimiento, se reduzca el déficit exterior (con la inestimable colaboración del languideciente dólar) y aumente el ahorro nacional.

Por lo que respecta a España, dicen que lo que ocurre en los USA de traslada aquí en 12-18 meses. En el verano de 2006 se empezó a notar la crisis inmobiliaria en los USA y en 12 meses se empezó a notar aquí, por mucho que las estadísticas y datos oficiales hablen de que sólo se ha desacelerado el crecimiento, aterrizajes suaves, y tal y cual.

Aquí la inflación ya se ha desmadrado y la creación de empleo se ha desacelerado, pero el consumo sigue manteniéndose sin novedad. Si los USA acusan ahora la desaceleración, para el próximo otoño en España empezaremos a notar cómo la gente vuelve a quedarse en su casita y a ahorrar todo lo que pueda, por si las moscas. Eso si nuestro propio deterioro, que parte de posiciones más exageradas que las americanas (más déficit exterior, mayor crecimiento del precio de la vivienda, imposibilidad de devaluar ni de mover tipos de interés), no acelera el proceso.