Estamos tan acostumbrados a tragar quina con la situación actual que un detalle que debería pasar casi desapercibido hace de gota que colma el vaso y desata todo el cabreo ciudadano general. Hemos aprendido a convivir con cuatro millones y medio de parados, a pagar en impuestos casi un 50 por ciento de nuestros ingresos (echad las cuentas: renta, IVA, IBI, etc) y a soportar unos servicios públicos penosos sin pestañear, pero, por ejemplo, cuando se ha prohibido fumar en los bares definitivamente casi se monta una revolución civil.
Hoy media España está perpleja con la inocentada que nos ha gastado Rubalcaba diciendo que bajaban el límite de velocidad de 120 a 110 kilómetros por hora en autopistas y autovías para ahorrar carburante. Resulta que llevamos 20 años construyendo la mejor red de carreteras de occidente (sin ironía, es verdad) y ahora nos bajan el límite máximo. Tenemos unos coches con los que no podíamos ni soñar hace 10 años, prodigios mecánicos y electrónicos con todos los avances de seguridad imaginables, y nos obligan a ir a velocidades inferiores a las que mi padre circulaba camino de Javea en los años 70 con su 124.
Cuando todo el mundo pensaba que el límite de velocidad se iba a subir a 140 en nuestras flamantes autovías, igualándonos a lgunos países avanzados de Europa, para poder aprovechar los fantásticos motores de nuestros Mercedes, BMWs, Audis y Volvos, comprados con la ampliación de nuestra hipoteca no hace tanto tiempo, resulta que el gobierno, siempre pendiente del bien común, baja la velocidad máxima para rebajar nuestra factura energética.
No es admisible que el gobierno dé ese motivo para lo que ha hecho: que baje la velocidad máxima para que los pobres contribuyentes gasten menos y que no reduzca el parque móvil oficial, optimice el uso de sus aviones o no potencie la energía nuclear para reducir el gasto de gas de los ciclos combinados expone claramente la trampa del argumento.
Es otra intromisión más en decisiones particulares. Si se decide ir a 120 y el conductor lo quiere pagar no tiene sentido que el gobierno le obligue a ir más lento si no corre peligro su seguridad o la de los demás. El motivo es otro, claramente recaudatorio, y en las próximas semanas lo veremos, ya deben estar calibrando los radares.
Por favor, que acierten aunque sea una vez, que rectifiquen y retiren la norma, y nos dejen gastar el poco dinero que nos dejan manejar en lo que queramos, que estamos hartos de que nos digan lo que tenemos que hacer y que nos engañen con los motivos.
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viernes, 25 de febrero de 2011
jueves, 1 de octubre de 2009
Impuestos
Como la cosa está muy mal el gobierno, que es socialista y no cree en el buen criterio de los ciudadanos y sus decisiones personales , decide reactivar la economía gastando, con lo que el déficit llega en un año al 10% del PIB.
A pesar de que el endeudamiento público es relativamente bajo con respecto a los países de nuestro entorno, el gobierno sabe que tiene que intentar reducir el déficit, y antes de enfrascarse en una lucha complicada con socios autonómicos, barones regionales y ayuntamientos afines o no, tira por la vía fácil y decide subir los impuestos de la forma más regresiva: sube el IVA y penaliza el ahorro gravándolo más, yendo así en contra de las necesidades del país.
Un alcalde megalómano, que ha convertido a la capital de España en el Ayuntamiento con más deuda bajo cualquier parámetro, al que el gobierno ha negado el permiso para sobrepasar otra vez los límites legales de endeudamiento, y que como fin de fiesta quiere conseguir unos Juegos Olímpicos a cualquier precio, llega a la misma conclusión: en lugar de cortar y equilibrar el gasto, se inventa una nueva tasa, en este caso de recogida de basuras, para tcontar con nuevos recursos. Para ello, no duda en cobrar hasta a los propietarios de trasteros o garajes, indiscriminadamente, y nuevamente sin progresividad alguna.
Como resultado, montones de gente, paga las consecuencias. Mis padres y mis suegros son dos parejas de jubilados con pensiones medias. A partir de enero, pagarán más por los rendimientos de sus pequeños ahorros, que por otra parte últimamente apenas rinden. En julio, su cesta de la compra habitual será más cara con la subida del IVA, y los pisos y plazas de garaje que con tanto esfuerzo compraron cuando estaban en activo harán que tengan que pagar una cifra importante para ellos, del orden de un 15% de sus ingresos, en el mes que tengan que pagar la nueva tasa de basuras.
Tendrán menos renta disponible sin haber hecho nada; menos ahorro, menos gasto. Multipliquemos esto hasta el infinito, familia a familia: ¿a quién benefician las subidas de impuestos, estaremos mejor globalmente después? Yo tengo claro que no.
Siempre es más fácil exprimir a la clase media que organizar un sector público desbocado. Nunca se buscan soluciones valientes, se perpetúa la enfermedad en lugar de atajarla. Siempre es lo mismo: son una pandilla de ineptos.
A pesar de que el endeudamiento público es relativamente bajo con respecto a los países de nuestro entorno, el gobierno sabe que tiene que intentar reducir el déficit, y antes de enfrascarse en una lucha complicada con socios autonómicos, barones regionales y ayuntamientos afines o no, tira por la vía fácil y decide subir los impuestos de la forma más regresiva: sube el IVA y penaliza el ahorro gravándolo más, yendo así en contra de las necesidades del país.
Un alcalde megalómano, que ha convertido a la capital de España en el Ayuntamiento con más deuda bajo cualquier parámetro, al que el gobierno ha negado el permiso para sobrepasar otra vez los límites legales de endeudamiento, y que como fin de fiesta quiere conseguir unos Juegos Olímpicos a cualquier precio, llega a la misma conclusión: en lugar de cortar y equilibrar el gasto, se inventa una nueva tasa, en este caso de recogida de basuras, para tcontar con nuevos recursos. Para ello, no duda en cobrar hasta a los propietarios de trasteros o garajes, indiscriminadamente, y nuevamente sin progresividad alguna.
Como resultado, montones de gente, paga las consecuencias. Mis padres y mis suegros son dos parejas de jubilados con pensiones medias. A partir de enero, pagarán más por los rendimientos de sus pequeños ahorros, que por otra parte últimamente apenas rinden. En julio, su cesta de la compra habitual será más cara con la subida del IVA, y los pisos y plazas de garaje que con tanto esfuerzo compraron cuando estaban en activo harán que tengan que pagar una cifra importante para ellos, del orden de un 15% de sus ingresos, en el mes que tengan que pagar la nueva tasa de basuras.
Tendrán menos renta disponible sin haber hecho nada; menos ahorro, menos gasto. Multipliquemos esto hasta el infinito, familia a familia: ¿a quién benefician las subidas de impuestos, estaremos mejor globalmente después? Yo tengo claro que no.
Siempre es más fácil exprimir a la clase media que organizar un sector público desbocado. Nunca se buscan soluciones valientes, se perpetúa la enfermedad en lugar de atajarla. Siempre es lo mismo: son una pandilla de ineptos.
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