En la última semana han continuado surgiendo datos que reflejan la situación angustiosa en que se encuentra sumida la economía española; datos como la caída de la producción industrial en un 24% interanual (algo mejor que el dato japonés, pero de los peores de todas las economías occidentales) o la cifra de parados de febrero, que sitúa la cifra total alrededor de los 3.600.000, indican el desplome de la totalidad de sectores económicos, no sólo del inmobiliario.
Desde MacroVistazo siempre hemos dicho que el ajuste de la economía española, al carecer de control sobre sus tipos de cambio y de interés, se debía hacer a través del coste de los factores productivos, fundamentalmente del coste del trabajo. El Ejecutivo, que parece que está paralizado y superado por los acontecimientos, es incapaz de reducir los costes de seguridad social y otros impuestos a las empresas, dejando como única via de ajuste los costes salariales. Y al ser en España los salarios totalmente inflexibles a la baja (por culpa, fundamentalmente, de nuestro sistema de negociación colectiva), se provoca el actual aluvión de parados que mes a mes inundan las oficinas del INEM. Los que mantenemos nuestro empleo pensamos que el tema no va con nosotros hasta que nos toque la china.
En el ABC de hoy González-Páramo decía, con más razón que un santo, que son poco compatibles las actuales cifras de paro con las subidas de salarios que actualmente todavía se registran. Si los costes deben disminuir, bajas la masa salarial o despidiendo y manteniendo sueldos a los que se quedan o bajando los salarios, no hay más alternativas; lo curioso (e inmoral) es que los que se quedan cobren más, como quieren los sindicatos, con su objetivo de subidas del 2% (otors que no se enteran).
España lo tiene negro de verdad, como dice nuestro admirado Evans-Pritchard en su artículo de hoy del Telegraph. A pesar de la bajada de tipos del BCE de esta semana, al 1,50%, el euribor año se mantiene en el entorno del 2% (más manipulado que una elección venezolana, por cierto, pues sigue sin haber operaciones reales y significativas en el interbancario ), lo que, teniendo en cuenta el IPC de febrero al 0,7% interanual, deja los tipos reales en el entorno del 1,3%. Nada que ver con los tiempos heróicos del euribor al 2% y la inflación al 4%, cuando con tipos negativos nos endeudábamos como locos. Ahora es cuando necesitaríamos de verdad tipos negativos, y pasta para todos en el sistema, como hicieron los japos o están empezando a hacer en el Reino Unido con su quantitative easing.
La "debt deflation" continúa su proceso, a pesar de voluntarismos bancarios o de organismos públicos tipo ICO. Es inevitable, no tiene sentido invertir más cuando lo que hay que hacer es reestructurar la deuda pasada y adaptar la capacidad a las nuevas expectativas. En nuestro amado sector bancario, parece que el baile ya ha empezado, aunque al revés que en la vida real la primera en bailar ha sido la más fea, la CCM, de la que ya conocíamos por un amigo que abandonó la Entidad desde hace más de 4 años el tufo a podrido que desprendía.
Seguimos yendo a peor. Necesitamos reformas estructurales urgentemente, dejar más liquidez en manos de las familias, ajustar nuestro gasto a nuestros ingresos, recuperar la confianza. Todo esto es muy difícil de conseguir por el momento, sin política monetaria ni de tipo de cambio, si no arrimamos el hombro entre todos para crear las condiciones necesarias para que ocurra, empezando por el gobierno y pasando por la actitud y el trabajo de todos y cada uno de nosotros. Seguiremos comentando la jugada.
domingo, 8 de marzo de 2009
domingo, 15 de febrero de 2009
La deflación ya está aquí
Uno de los temas de moda de las últimas semanas en los medios nacionales es la posibilidad o no de que la economía española pueda entrar en deflación. La evolución de la inflación en los últimos meses, en particular desde que el pasado julio se alcanzara el record de 147 usd en el precio del petróleo, ha sido absolutamente radical en su descenso, llegando en el mes de enero al 0,8% interanual. El País Negocios de hoy dedica su tema de portada a este asunto, sin definirse claramente sobre la posibilidad de que podamos entrar en deflación, pero dejando bien expuestas las negativas consecuencias que para toda economía supone entrar en una espiral deflacionista. Esta semana en el New York Times hemos leído un fantástico artículo sobre la década perdida japonesa, los efectos de la deflación y las formas de abordarla, formas que, por otra parte, no tiene mucho que ver con las, a pesar de todo, tímidas medidas que ahora se están utilizando.
En MacroVistazo siempre nos ha llamado la atención la forma tan olímpica con que se tiende a despreciar la evolución del precio de los activos, en especial de un activo fundamental como es la vivienda, en comparación con los precios de los bienes de consumo. En los momentos en que en España teníamos tipos de interés negativos, con el euribor año en el entorno del 2% y la inflación por debajo del 4%, todos estábamos tan contentos por tener el IPC controlado, mientras que la vivienda crecía, al igual que el crédito, a tasas superiores al 20% anual. Nada pasaba, pues el efecto riqueza generaba prosperidad, los pisos nunca bajaban, era mejor comprar hoy que mañana, los bancos batían records de beneficios año tras año, el Estado batía los de recaudación y todo iba bien: un ciclo virtuoso de prosperidad.
Y a nadie le preocupaba que en este ciclo estuviese el germen del mal, el origen de nuestras actuales penas: un crecimiento exagerado del crédito, financiado con dinero extraño, que distorsionó absolutamente el mercado inmobiliario y del suelo y que hipertrofió al sector bancario.
Ahora, con año y medio de vacaciones en los mercados internacionales de dinero, con el crédito creciendo casi plano, nos encontramos en el inicio de la situación contraria, incluso en el mercado del suelo podemos decir que ya llevamos un año largo de paralización. No hay crédito, y sin crédito no hay operaciones ( o bien podríamos decirlo al revés). Y sin operaciones, con el mercado paralizado, no hay más remedio que esperar a que oferta y demanda se igualen y los precios se ajusten dramáticamente a la baja.
¿Y qué es esto sino deflación, deflación en el precio de los activos, que provoca un "efecto pobreza" en los propietarios, que hace que la deuda sea superior en muchos casos al valor de los activos que la respaldan (los americanos utilizan un término para esto, estar "underwater", que nos encanta), que desincentiva la realización de operaciones en espera de mejores precios, que paraliza la nueva inversión, que hunde a los bancos al crecer su morosidad, que hace que el estado disminuya alarmantemene sus ingresos fiscales...
Y en estas estamos. Es tan importante la evolución del precio de los activos como el de los precios al consumo, pero en la práctica, en las estadísticas, sólo cuenta éste. Y el efecto negativo que la caida de la demanda puede tener en el IPC en los próximos meses tendrá como origen la bajada del precio de los activos, la deflación que ya existe y que seguirá creciendo, y que será la que al final haga aparecer a la otra deflación, la que ahora comentan nuestros periódicos.
En MacroVistazo siempre nos ha llamado la atención la forma tan olímpica con que se tiende a despreciar la evolución del precio de los activos, en especial de un activo fundamental como es la vivienda, en comparación con los precios de los bienes de consumo. En los momentos en que en España teníamos tipos de interés negativos, con el euribor año en el entorno del 2% y la inflación por debajo del 4%, todos estábamos tan contentos por tener el IPC controlado, mientras que la vivienda crecía, al igual que el crédito, a tasas superiores al 20% anual. Nada pasaba, pues el efecto riqueza generaba prosperidad, los pisos nunca bajaban, era mejor comprar hoy que mañana, los bancos batían records de beneficios año tras año, el Estado batía los de recaudación y todo iba bien: un ciclo virtuoso de prosperidad.
Y a nadie le preocupaba que en este ciclo estuviese el germen del mal, el origen de nuestras actuales penas: un crecimiento exagerado del crédito, financiado con dinero extraño, que distorsionó absolutamente el mercado inmobiliario y del suelo y que hipertrofió al sector bancario.
Ahora, con año y medio de vacaciones en los mercados internacionales de dinero, con el crédito creciendo casi plano, nos encontramos en el inicio de la situación contraria, incluso en el mercado del suelo podemos decir que ya llevamos un año largo de paralización. No hay crédito, y sin crédito no hay operaciones ( o bien podríamos decirlo al revés). Y sin operaciones, con el mercado paralizado, no hay más remedio que esperar a que oferta y demanda se igualen y los precios se ajusten dramáticamente a la baja.
¿Y qué es esto sino deflación, deflación en el precio de los activos, que provoca un "efecto pobreza" en los propietarios, que hace que la deuda sea superior en muchos casos al valor de los activos que la respaldan (los americanos utilizan un término para esto, estar "underwater", que nos encanta), que desincentiva la realización de operaciones en espera de mejores precios, que paraliza la nueva inversión, que hunde a los bancos al crecer su morosidad, que hace que el estado disminuya alarmantemene sus ingresos fiscales...
Y en estas estamos. Es tan importante la evolución del precio de los activos como el de los precios al consumo, pero en la práctica, en las estadísticas, sólo cuenta éste. Y el efecto negativo que la caida de la demanda puede tener en el IPC en los próximos meses tendrá como origen la bajada del precio de los activos, la deflación que ya existe y que seguirá creciendo, y que será la que al final haga aparecer a la otra deflación, la que ahora comentan nuestros periódicos.
domingo, 25 de enero de 2009
RBS, R.I.P.
Esta semana se ha publicado una noticia que aquí en España ha pasado prácticamente desapercibida en nuestra prensa, pero que en MacroVistazo creemos que es muy significativa; hablamos de la publicación de las pérdidas de 2008 del Royal Bank of Scotland, el omnipresente RBS, que el año pasado ha perdido 28.000 millones de libras: las mayores pérdidas jamás presentadas por una compañía británica.
RBS ha sido en los últimos años uno de los principales animadores del mercado español de sindicados, gracias a la profesionalidad de su equipo, a su capacidad financiera y a su dinamismo. La capacidad de respuesta a la aprobación de operaciones, con sus comités de riesgos casi contínuos, y el afán de hacer cifra y liderar el mercado de su equipo directivo hacían su posicionamiento casi inalcanzable para la mayoría de los bancos españoles.
En MacroVistazo tuvimos la oportunidad, allá por 2004-2005, de codirigir un par de operaciones con gente de RBS, y tenemos un elevado concepto de su gente. Tenían recursos, financieros y humanos, inagotables, gran capacidad de trabajo y elevados conocimientos: nosotros fuimos siempre a remolque de ellos, aprendiendo, como aprendíamos también de los abogados que asesoraban las operaciones por parte de bufetes como Linklaters o Clifford Chance.
Recordamos a un personaje que era prácticamente una leyenda, el Director de Sindicaciones del Banco, del que decían que vivía en un castillo en Escocia y que era capaz de decidir sin equivocarse sobre el éxito y el pricing de cualquier deal sobre la marcha. También recordamos, con cierta preocupación por lo que haya sido o vaya a ser de ellos, a amigos como Javier o Nacho, y a muchos otros "currantes" de verdad.
Tanto crecimiento, tanta adquisición sin freno y la ambición sin límites de su dirección han hecho que RBS esté a día de hoy participado en un 70% por el gobierno británico, y que sus acciones prácticamente no valgan nada.
La cifra de pérdidas presentadas es inconcebible: 30.000 millones de euros, cinco billones (de los nuestros) de pesetas. Sólamente pensarlo da escalofríos, y esto nos recuerda las distintas formas en que la banca anglosajona y la nacional están enfocando la crisis.
Hasta el momento, ninguna entidad nacional ha presentado pérdidas, y no se espera que las presenten (habrá, ya ha habido, bajada de beneficios, muy moderada, en los bancos que han presentado resultados, como Banesto o Bankinter). Continuamos prefiriendo esconder la basura debajo de la alfombra de las daciones y las refinanciaciones antes que reconocer la pestilente situación de bastantes de nuestros riesgos. Y no vendría mal un ejercicio de sinceridad, una superdotación de provisiones que redujera significativamente los beneficios.
El no hacerlo en 2008 llevará a que en 2009 la cifra aflore sin poder evitarlo; este va a ser, como ya hemos dicho, un año decisivo para nuestro sistema financiero.
RBS ha sido en los últimos años uno de los principales animadores del mercado español de sindicados, gracias a la profesionalidad de su equipo, a su capacidad financiera y a su dinamismo. La capacidad de respuesta a la aprobación de operaciones, con sus comités de riesgos casi contínuos, y el afán de hacer cifra y liderar el mercado de su equipo directivo hacían su posicionamiento casi inalcanzable para la mayoría de los bancos españoles.
En MacroVistazo tuvimos la oportunidad, allá por 2004-2005, de codirigir un par de operaciones con gente de RBS, y tenemos un elevado concepto de su gente. Tenían recursos, financieros y humanos, inagotables, gran capacidad de trabajo y elevados conocimientos: nosotros fuimos siempre a remolque de ellos, aprendiendo, como aprendíamos también de los abogados que asesoraban las operaciones por parte de bufetes como Linklaters o Clifford Chance.
Recordamos a un personaje que era prácticamente una leyenda, el Director de Sindicaciones del Banco, del que decían que vivía en un castillo en Escocia y que era capaz de decidir sin equivocarse sobre el éxito y el pricing de cualquier deal sobre la marcha. También recordamos, con cierta preocupación por lo que haya sido o vaya a ser de ellos, a amigos como Javier o Nacho, y a muchos otros "currantes" de verdad.
Tanto crecimiento, tanta adquisición sin freno y la ambición sin límites de su dirección han hecho que RBS esté a día de hoy participado en un 70% por el gobierno británico, y que sus acciones prácticamente no valgan nada.
La cifra de pérdidas presentadas es inconcebible: 30.000 millones de euros, cinco billones (de los nuestros) de pesetas. Sólamente pensarlo da escalofríos, y esto nos recuerda las distintas formas en que la banca anglosajona y la nacional están enfocando la crisis.
Hasta el momento, ninguna entidad nacional ha presentado pérdidas, y no se espera que las presenten (habrá, ya ha habido, bajada de beneficios, muy moderada, en los bancos que han presentado resultados, como Banesto o Bankinter). Continuamos prefiriendo esconder la basura debajo de la alfombra de las daciones y las refinanciaciones antes que reconocer la pestilente situación de bastantes de nuestros riesgos. Y no vendría mal un ejercicio de sinceridad, una superdotación de provisiones que redujera significativamente los beneficios.
El no hacerlo en 2008 llevará a que en 2009 la cifra aflore sin poder evitarlo; este va a ser, como ya hemos dicho, un año decisivo para nuestro sistema financiero.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Islandia de mis amores
Desde MacroVistazo hemos seguido, y seguimos, con gran interés y preocupación la situación de ese extraño país que se llama Islandia.
Islandia es un ejemplo de lo que las finanzas modernas pueden llegar a hacer a un país, es decir, pasar de ser una nación de pescadores de bacalao y emigrantes a convertirse, de la noche a la mañana, en una de las naciones más ricas y con mejor calidad de vida de la tierra, para volver posteriormente a pasar, en otro santiamen, a ser un país intervenido por el Fondo Monetario Internacional, con un PIB en retroceso del 10% para 2009, con una deuda exterior inabordable, una banca quebrada y una ciudadanía desesperada, sin posibilidad de encontrar trabajo ni de pagar sus hipotecas (en yenes y francos suizos, por supuesto).
Las tasas de déficit exterior, deuda per cápita, de las familias y del sector financiero son escalofriantes; Islandia fue una pieza importante en el proceso de carry trade, e igual que el dinero vino, el dinero se fue.
Otro día intentaremos profundizar más en el tema, con el propósito de dejar escrito de la forma más clara posible lo que ha pasado. Por el momento, incorporamos el link a dos buenos artículos sobre el asunto, uno de The Economist y otro de Fortune, y también nos damos el gustazo de colgar la carta al Director de El País Semanal (por supuesto, no publicada) que desde MacroVistazo escribimos el pasado ¡7 de abril! como consecuencia de un reportaje llamado "La Buena Vida" (que ironía...), en el que John Carlin, escritor que nos gusta bastante cuando escribe sobre Golf, hacía una loa edulcorada sobre la genial y progresista vida del país polar. En MacroVistazo, a veces, también acertamos.
"Señor Director:
Es la segunda vez que leo al magnífico escritor John Carlin escribir en El País sobre Islandia y es también la segunda vez que echo en falta sus comentarios sobre la situación económica que atraviesa aquel país.
Islandia tiene un déficit por cuenta corriente relativamente más elevado aún que el español, llegando al 16% de su PIB. La dependencia de los capitales exteriores es tal que el tipo de interés de la Corona Islandesa se sitúa en el 15%, y sus bancos, motor de la expansión exterior de Islandia, acumulan activos por importe ocho veces superior al Producto Interior Bruto del país, y su deuda remunera a los inversores por encima de los 800 puntos básicos. La burbuja inmobiliaria también ha estado en pleno apogeo en estos años, y últimamente se teme por una estampida de los inversores extranjeros, de forma que su moneda se ha depreciado casi un 20% en menos de un mes. La compra apalancada de sociedades en el Reino Unido, Dinamarca, etc. se ha realizado con tal ímpetu que muchos definen a Islandia como un Hedge Fund disfrazado de país.
El paraiso socialdemócrata que describe Carlin tiene un coste elevado, y es ahora cuando Islandia tiene que empezar a pagar la factura.
Un saludo."
Islandia es un ejemplo de lo que las finanzas modernas pueden llegar a hacer a un país, es decir, pasar de ser una nación de pescadores de bacalao y emigrantes a convertirse, de la noche a la mañana, en una de las naciones más ricas y con mejor calidad de vida de la tierra, para volver posteriormente a pasar, en otro santiamen, a ser un país intervenido por el Fondo Monetario Internacional, con un PIB en retroceso del 10% para 2009, con una deuda exterior inabordable, una banca quebrada y una ciudadanía desesperada, sin posibilidad de encontrar trabajo ni de pagar sus hipotecas (en yenes y francos suizos, por supuesto).
Las tasas de déficit exterior, deuda per cápita, de las familias y del sector financiero son escalofriantes; Islandia fue una pieza importante en el proceso de carry trade, e igual que el dinero vino, el dinero se fue.
Otro día intentaremos profundizar más en el tema, con el propósito de dejar escrito de la forma más clara posible lo que ha pasado. Por el momento, incorporamos el link a dos buenos artículos sobre el asunto, uno de The Economist y otro de Fortune, y también nos damos el gustazo de colgar la carta al Director de El País Semanal (por supuesto, no publicada) que desde MacroVistazo escribimos el pasado ¡7 de abril! como consecuencia de un reportaje llamado "La Buena Vida" (que ironía...), en el que John Carlin, escritor que nos gusta bastante cuando escribe sobre Golf, hacía una loa edulcorada sobre la genial y progresista vida del país polar. En MacroVistazo, a veces, también acertamos.
"Señor Director:
Es la segunda vez que leo al magnífico escritor John Carlin escribir en El País sobre Islandia y es también la segunda vez que echo en falta sus comentarios sobre la situación económica que atraviesa aquel país.
Islandia tiene un déficit por cuenta corriente relativamente más elevado aún que el español, llegando al 16% de su PIB. La dependencia de los capitales exteriores es tal que el tipo de interés de la Corona Islandesa se sitúa en el 15%, y sus bancos, motor de la expansión exterior de Islandia, acumulan activos por importe ocho veces superior al Producto Interior Bruto del país, y su deuda remunera a los inversores por encima de los 800 puntos básicos. La burbuja inmobiliaria también ha estado en pleno apogeo en estos años, y últimamente se teme por una estampida de los inversores extranjeros, de forma que su moneda se ha depreciado casi un 20% en menos de un mes. La compra apalancada de sociedades en el Reino Unido, Dinamarca, etc. se ha realizado con tal ímpetu que muchos definen a Islandia como un Hedge Fund disfrazado de país.
El paraiso socialdemócrata que describe Carlin tiene un coste elevado, y es ahora cuando Islandia tiene que empezar a pagar la factura.
Un saludo."
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