
La inflación subyacente recoge la tendencia del consumo de verdad; al excluir precios de energía y alimentos sin elaborar extrae los efectos que el petroleo, los alimentos básicos, etc. incluyen en el índice general, dando esa medida verdadera. En los años en los que la inflación era dificil de controlar, los buenos datos generales se veían deslucidos por el dato de la subyacente: ahora es al contrario. Cuando el fantasma de la deflación se desvanecía (según los medios de desorientación), aparece ahora la subyacente siguiendo su pertinaz carrera descendente, y nos da el disgusto, anunciándonos un futuro tristísimo al que también hay que añadirle recortes salariales, congelación de pensiones, descenso en la obra pública, más paro, menos crédito, bajada del precio de los activos, etc.
Nos va a costar muchísimo levantar cabeza, estamos en una situación que da mucho, pero que mucho, acojone.